Hoy hablaremos sobre la Maloclusión y el acoso escolar, ya que durante años hemos asumido que los niños con dientes chuecos, apiñados o con una mordida muy marcada son más propensos a sufrir acoso escolar.
Parece lógico: la apariencia física es uno de los principales blancos del bullying infantil. Sin embargo, sorprendentemente, la evidencia científica que confirma esta relación ha sido limitada y poco clara.
Pero un nuevo estudio publicado en la prestigiosa Journal of Orthodontics en 2024 aporta datos sólidos y abre una conversación muy necesaria sobre la relación entre la maloclusión y el acoso escolar en niños de entre 10 y 14 años.
El artículo se titula:
“Prevalencia y naturaleza del acoso escolar en escolares de 10 a 14 años y su asociación con la maloclusión: un estudio transversal en el sureste del Reino Unido”, liderado por Andrew DiBiase y su equipo de investigación.
Este estudio es de acceso abierto, lo que significa que cualquier persona puede consultarlo, algo especialmente valioso cuando se trata de un tema con impacto social y emocional tan profundo.
El acoso escolar es un problema mucho más común de lo que pensamos
En la introducción del estudio, los autores hacen un excelente resumen del conocimiento actual sobre el bullying infantil. Los datos que encontraron son contundentes:
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Casi 1 de cada 3 niños reporta haber sufrido acoso escolar en algún momento, siendo el aspecto físico es uno de los principales motivos por los que los niños son acosados.
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El acoso puede tener consecuencias graves en la autoestima, la ansiedad, la depresión y el rendimiento escolar.
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Esto lleva inevitablemente a plantear una pregunta importante:
¿La maloclusión —es decir, los dientes mal alineados o una mordida alterada— aumenta el riesgo de que un niño sea víctima de bullying?
Hasta ahora, la mayoría de los estudios se habían realizado en niños ya referidos a tratamiento de ortodoncia, lo que introduce un sesgo importante:
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Estos niños suelen tener maloclusiones más severas que la población general.
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Algunos pueden haber sido enviados al ortodoncista precisamente por experiencias previas de acoso.
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Otros estudios se basaron en la percepción personal del niño sobre su maloclusión, lo cual no siempre coincide con una evaluación clínica objetiva.
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Por eso, hacía falta un estudio más amplio, con metodología más sólida y con mediciones clínicas reales.

